y lo hizo.
Era el tercer dia de la semana, el reloj de pulsera, que le regalara hace un tiempo algun conocido seguramente como presente de cumpleaños, marcaba las 12:45 mientras Pablo lo dejaba sobre la mesa del salón comedor, así demostraba su no dependencia desde ahora con la esclavitud horaria.
Sin el menor atisbo de miedo, Pablo tomo el poco dinero que le quedaba en efectivo, con su mano izquierda alcanzo las llaves de su automóvil que descansaban colgada en el llavero situado en la pequeña pared junto a la puerta de entrada de su vivienda y escapo de todo lo que hasta aquel momento había sido su vida.
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