sábado, 26 de mayo de 2018

EL CAZADOR

Varias horas habían pasado desde que en el centro de comunicaciones policiaca se recibiera la llamada desde el predio del campo de actividades físicas, los tres cuerpos de las victimas descansaban en la morgue judicial a la espera para ser examinados. El grupo comandado por el inspector Alberto Morales trabajaba en la oficina buscando información que pudiese ayudar a dar con el paradero del ahora prófugo Luis Aguirre. Los datos con los que contaban decían que Luis provenía del interior de la capital, que vivía hacia dos años con la joven a la cual matara al iniciar la mañana, único hijo de una familia de buena posición social en su ciudad natal, alumno promedio, excelente deportista, las características con las que los oficiales se habían encontrado al investigar sobre la vida de Luis distaban mucho del común de los asesinos. El vehículo en el cual se movilizaba era un Peugeot 306 de color blanco adquirido hacia unos meses. Por las cámaras de seguridad del estacionamiento del edificio en el cual vivía habían podido identificar el numero de patente, y cerca del mediodía todas las unidades policiacas buscaban al automóvil por calles y rutas de la capital.
Cerca de las 15 hs el comisario llamo a Alberto a su oficina, el viejo, como todos lo llamaban estaba a punto de recibir un nombramiento para un cargo dentro del ministerio de seguridad de la nación y la demora o la falla en resolver aquel caso podía poner en peligro dicho nombramiento.
Las horas pasaban lentas para el equipo policiaco, los periodistas habían hostigado al comisario con sus preguntas, la promesa hecha frente a las cámaras   de dar con el asesino en pocas horas, estaba lejos de cumplirse, por la sala de interrogatorio habían pasado casi una veintena de conocidos de Luis, pero para los agentes de la ley todo había sido infructuoso llegada la noche y aun no tenían ninguna noticia de Luis y nadie había visto el vehículo circulando por la ciudad.
-Nos vamos a turnar en grupos de tres personas-La voz de Alberto demostraba el cansancio de varias horas de trabajo ininterrumpido, pero a pesar del cansancio seria parte del primer grupo de trabajo junto a Mario Gonzales y a Patricia López, el resto de la unidad tendría un descanso de cinco horas.
Alberto observaba la pizarra donde aparecía una foto del joven asesino, y la de sus victimas, flechas en varias direcciones entrelazaban al asesino con sus victimas, la taza de café en su mano estaba casi vacía, el sonido del teléfono sorprendió a los tres efectivos policiales en la oficina, Alberto tomo el teléfono y luego de unos minutos anoto una dirección en una libreta sobre el escritorio
- Lo tenemos-Dijo con un claro tono de entusiasmo-Encontraron el auto estacionado en el jardín botánico, vamos para allá- grito a sus compañeros mientras se colocaba la campera.

viernes, 25 de mayo de 2018

EL CAZADOR

El estampido retumbo en el piso tercero A de aquel edificio, de viviendas de alquiler, un hilo rojo que brotaba del rostro de la joven a medio lavar tiño de carmesí el agua jabonosa, las piernas se le aflojaron y como a un títere al cual el titiritero corta las cuerdas el cuerpo cayo sobre la pequeña alfombra al costado de la ducha.
La mañana de aquel 10 de mayo se presentaba algo fría Luis salió del edificio llevando colgada en su mano una pistola que aun conservaba el cañón caliente, subió a su auto y se dirigió al centro, su mirada vacía permanecía fija adelante no se observaba ningún tipo de emoción en el rostro del joven de no mas de unos 25 años de edad.
El hombre parado frente al grupo de jóvenes, hacia los primeros movimientos de calentamiento era miércoles y como cada miércoles desde hacia ya un año la rutina deportiva comenzaba con un calentamiento rápido, para luego dar diez o doce vueltas alrededor de la cancha de futbol, luego algo de actividad física abdominal y luego un entrenamiento futbolístico, aun faltaban tres de los integrantes del plantel cuando uno de los jóvenes, Carlos, vio a Luis caminar hacia ellos, se acerco a saludarlo cuando de pronto sintió un golpe en su pecho, se detuvo un momento miro allí donde una punzada le hacia arder el pecho, una mancha roja ensuciaba su remera azul de practica, cayo de rodillas frente a quien consideraba su amigo. El desconcierto del grupo al ver aquella escena dio paso al terror y a una escapada en estampida, un nuevo disparo se oyó en el campo de deportes y el entrenador cayo hacia un costado empujado por un proyectil que se incrusto del lado derecho  en su cabeza.
El automóvil blanco de Luis abandono el predio con la misma marcha que había llegado.
Los vehículos policiales servían de cordón de contención en el lugar que momentos antes había ocurrido los asesinatos, los efectivos policiales se desplegaban por la zona buscando información de lo ocurrido.
En los vestuarios un grupo de jóvenes permanecía en shock.
Alberto Morales examinaba el cuerpo de Carlos, el disparo había sido realizado a una distancia de 4-5 metros y el orificio de entrada estaba ubicado  directo al corazón, en el vestuario su compañero realizaba preguntas de rigor a los jóvenes que habían logrado escapar del campo de entrenamiento, por las declaraciones pudieron identificar al agresor y enviar móviles a su domicilio, donde los uniformados se encontraron con la joven novia de Luis Aguirre muerta por un disparo del mismo calibre que los encontrados en los cuerpos de Carlos y el entrenador.

miércoles, 23 de mayo de 2018

La suerte de Carlos

This are Si aquel día en que su padre abandono el hogar Carlos sintió odio por su progenitor. La segunda vez que sintió odio por él, hasta deseo matarlo esa vez fue la misma noche que probó la droga por primera vez. 
Como solía suceder casi siempre los últimos días de cada mes cuando su madre tenia pocos trabajos de planchados, que eran los que le permitían comprar la comida del día, Carlos luego de salir de la verdulería se iba con el oso al centro a juntar cartones, recorrían la zona de las tiendas y después enfilaban con el carro lleno hacia la zona de los restaurantes y las pizzerías, mas de una vez habían conseguido algo de comida que no serbia para sacar a las mesas de clientes pero que servía para comerlas en casa, el oso recorredor avezado sabia a que lugares ir y en que horarios para obtener algunas porciones del plato del día que se había servido en el almuerzo en las confiterías del microcentro porteño.
El oso iba tocando la armónica que heredara de quien según su madre era su padre, el oso nunca entendió como podía ser tan distinto de aquel al que llamo papa hasta que una bala policiaca lo mato, ese hombre era petiso, muy flaco, con una nariz en forma de gancho y unos ojos saltones, él media casi dos metros su cuerpo era pesado y parecía mas un jugador de rugby que otra cosa.
Carlos llevaba las riendas del caballo o quizás las riendas lo llevaban a él. Absorto en sus ensoñaciones cuando de pronto vio una pareja con una nena casi de la misma edad que su sobrina, Carlos sintió en ese momento como si alguien descargara un fuerte golpe con una maza sobre su cabeza, no supo como de un salto estuvo parado junto a la pareja, el hombre lo miro un instante y cuando quiso decir algo sintió sobre su rostro el golpe que Carlo largara con toda su fuerza, quizás por la fuerza del impacto o por la reacción del joven el hombre trastabillo dio uno o dos pasos hacia atrás y cayó en la vereda'’ Hijo de puta, hijo de puta. Te voy a matar” repetía el joven con cada golpe que daba, la bronca contenida durante tiempo, la impotencia al ver a su madre llorando por los rincones, el plato de comida que faltaba, la bronca por no haber podido asistir a aquella practica de prueba, o quizás la desilusión al no haber encontrado en la capital todo lo que le prometieran el día que dejaron su pueblito, todo eso eran el combustible que en aquel momento alimentaban la ira con que descargaba cada golpe en la cara de aquel hombre que en su niñez tantas veces besara.
- Te odio hijo de puta, te odio- Carlos no paraba de gritar ajeno a la gente que se acercaba a ver lo que pasaba, el oso intento separarlo de aquel hombre pero con su fuerza y su tamaño no pudieron Carlos parecía tener la fuerza de diez osos en aquel momento.
De pronto como en un sueño escucho la voz de la niña '’Papi que te esta haciendo ese hombre malo” entre sollozos era sujetada por la mujer
Quizás en ese llanto reconoció el llanto de la hija de su hermana o tal vez se recordó allá en su pueblito cuando llorando corría a los brazos de ese hombre que para el era un superhéroe.
Carlos se puso de pie miro a su padre que con el rostro ensangrentado le brindaba una sonrisa giro y escucho a su padre que decía ‘’Te perdono Carlitos, te quiero”  corrió por la calle en dirección a la villa cuando las luces del centro se veían lejos se detuvo agitado, cansado sin aliento y sintió a su lado a alguien que le ofrecía un porro

martes, 8 de mayo de 2018

La suerte de Carlos

Carlos  pensó que era afortunado, mientras miraba el cielo azul con algunas nubes que formaban caprichosas figuras, eran cerca de las cinco de la tarde y dentro de un rato debía presentarse en el taller mecánico de Luis, casi nadie lo conocía por ese nombre para todos era el gallego, había trabajado como policía y en la fuerza policial aprendió el oficio de la mecánica, cuando lo dieron de baja por abuso de autoridad, una noche en la que el gallego y tres agentes hacían la recorrida se encontraron a la salida de un boliche con un grupo de jóvenes alcoholizados, al pedirles identificación uno de ellos se negó a dar sus documentos y envalentonados por el excesivo consumo de alcohol el grupo insulto a los uniformados, ellos respondieron y se les fue un poco la mano, producto de los golpes dos de los jóvenes permanecieron internados durante dos meses en estado critico. Hubo un sumario y Luis y uno de los oficiales fueron dado de baja de las fuerzas, en ese momento el gallego junto unos ahorros que tenia, pidió algo de plata prestada y en el patio de su casa puso un tallercito que al principio permitía pagar algunas cuentas y comer día por medio. Ahora cinco años después el tallercito, le brindaba  a Luis la posibilidad de tener dos empleados y darle changas de mediodía a Carlos.
El joven sintió de pronto como si una brisa fría atravesara su cuerpo, miro las nubes y le pareció que estas formaban la figura de un conejo, el sol de aquella media tarde de noviembre parecía no calentar como debiera el cuerpo de Carlos tembló de frio.
Carlos pensó que era afortunado cuando apoyando su cara contra el vidrio de la ventanilla de aquel vagón del tren que lo llevaría a la capital, vio a sus amigos parados levantando sus manos despidiéndolo. Se pensó afortunado al dejar el pueblito para irse a Buenos Aires, iba a conocer a sus ídolos y quizás un día pudiera jugar en la primera de Boca Juniors, todos decían que era bueno con la pelota, el sol de esa tarde de febrero estaba alto y calentaba mas que otras veces, adentro del tren no habían ventiladores pensó Carlos mientras pasaba la mano por su frente con la intención de secarse la transpiración que a chorros corría por su cabeza mojando su corto pelo negro, pasaba por su frente y algunas gotas surcaban su cara formando un hilo en sus mejillas, cerro un segundo sus ojos y al abrirlos, vio junto al letrero que indicaba el nombre de la estación ferroviario, al zurdo parado, con los brazos en jarra, sosteniendo en el arco que formaba el brazo izquierdo un futbol gastado por el uso intensivo. El zurdo a quien sus padres le habían puesto por nombre Enzo homenajeando al ídolo del equipo de los millonarios era el mejor amigo de Carlos juntos pasaban horas haciendo jueguitos con la pelota y siempre en el equipo del barrio jugaban de compañeros, Carlos era habilidoso con las dos piernas y al ser de baja estatura era escurridizo, el zurdo algo gordito, era encarador y a fuerza de empujar se llevaba la pelota para dar pases siempre justos a Carlos.
El chico levanto la mano saludando a su amigo, y en ese instante Carlos sintió como si una parte dentro suyo estuviera llorando, un nudo se le hizo en la garganta y una lagrima se mezclo con el sudor que manchaba su cara.
Sabia que no volvería a ver mas al zurdo, su tío José se había ido a la capital cuando el tenia dos años y nunca mas había regresado al pueblo, en la familia decían que le había ido tan bien en Buenos Aires que se había olvidado de los pobres. El se iba a Buenos Aires y se le iba bien y jugaba en Boca o la selección, quizás no volvería nunca mas al pueblo pero no se olvidaría del zurdo lo recordaría cada día que al tocarse el brazo derecho recordara como se había hecho la cicatriz que formaba casi una pulsera alrededor de su antebrazo derecho.
-Dale boludo corre mas rápido- Carlos le gritaba al zurdo que se había quedado rezagado casi media cuadra atrás, el zurdo se apoyo contra el paredón y tomo aire, miro a su amigo que dejaba la bolsa con el preciado tesoro obtenido, dentro del canasto de la basura de la casa de los López, y corría hacia el, detrás Enzo escuchaba los gritos e insultos de don Sabadini el italiano que tenia las mejores naranjas de la región, el zurdo metió la mano en el bolsillo de su pantalón y se entretuvo acariciando aquel fruto naranja jugoso y dulce, quizás saboreándose antes de tiempo al saber lo delicioso que era ese manjar.
Carlos ya estaba junto a el respirando agitado- Dale gil o queres que el viejo nos agarre- le decía con la voz entrecortada por la agitación-Dale vamos rajemos-
Enzo se agacho para agarrar la pelota cuando al mirar por entre sus piernas vio al viejo Sabadinni parado a muy corta distancia de el, todos en el pueblo decían que el anciano estaba loco, había llegado de joven y luego de casarse se marcho con su mujer al sur varios años después regreso solo nadie supo que había pasado con la mujer, el se encerró en su casa y comenzó a correr el rumor que la había matado allá en el sur por que la encontró con otro hombre. Los padres lo usaban de figura maligna para asustar a sus hijos . En ese momento Enzo recordó todos los cuentos sobre el loco, se tiro al suelo cuando vio pasar sobre el algo que no pudo identificar, el grito de su amigo hizo que se levantara como empujado por mil resortes, casi mas por instinto que por razonamiento empujo al anciano haciéndolo caer en la acequia y entonces se dio cuenta que el alambre que el hombre traía a modo de látigo se había enrollado en el antebrazo de Carlos y manchaba la vereda de sangre. Lo llevo donde su hermana para que lo curara y después fuera a hablar con la madre de Carlos, su hermana era un ángel y sabia que si ella hablaba con la señora no castigarían a su amigo. La bolsa con naranjas quedo olvidada en el canasto de la basura.
Carlos acaricio la cicatriz y se limpio las lagrimas y los mocos, afuera el zurdo pateo el futbol hacia las ruedas del tren.
Su padre le había dicho que el viaje era largo que llegarían a Buenos Aires muy tarde, Carlos se acomodo en el asiento dispuesto a mirar todo el paisaje durante el viaje, nunca había salido del pueblo, cuando su padre viajo a la capital de la provincia con el Leo y la Irene a ver jugar a Boca Juniors, que participaba en un torneo para recaudar dinero para colaborar con los inundados del litoral, el no pudo viajar porque era muy chico y se quedo llorando mientras los veía marcharse en el camión de don Cosme, el mismo camión que usaba el municipio para recoger la basura día por medio. Cuando volvieron el ya estaba durmiendo y su mama lo despertó, había esperado toda la tarde que volvieran y le trajeran un regalo de la cancha, una remera o el futbol o una bandera, algo pero medio dormido medio despierto se desilusiono al ver que no le traían nada, durante una semana el Leo estuvo contándole como había estado el partido y lo cerquita que estaba del arco, Carlos se imagino una y mil veces en ese lugar. El traqueteo del tren, el cansancio y la emoción de conocer Buenos Aires hicieron que el niño se durmiera cuando llevaban 2 o 3 horas de viaje sus ojos se habían llenado del el verde de la vegetación y el azul verdoso de los ríos que cruzaban en el recorrido. A Carlos le pareció ver un caballo cuando mas  dormido que despierto lo subieron al transporte de su tío que los llevaría a su nueva casa. Pero eso era imposible seguramente su tío tenia la mejor camioneta en la que pudiera andar en definitiva vivía en la capital

Carlos pensó que era afortunado aquel día que con sus 13 años cumplidos lo convocaron de un club de la b para hacer una practica ese día recordó el momento en que dejaron el pueblito hacia ya cuatro años, recordó al zurdo parado en la estación pateando el futbol para que el tren lo reventara como si en ese gesto diera por terminada su relación con la pelota, nunca mas había tenido noticias de el, a decir verdad nunca mas había tenido noticias de nadie del pueblo, los primeros meses de vivir en la capital sintió mucha nostalgia de su pueblito y sus amigos, extrañaba mucho a Enzo y el pasar horas jugando con la pelota, extrañaba las naranjas del viejo Sabadinni, las veces que comía frutas en la capital eran de frigorífico y no tenían el sabor de las recién arrancadas del naranjo, extrañaba su casa, el lugar que les había prestado su tío José para vivir era mucho mas chico que su casa en el pueblito, cuando supo que se venían para la capital, el pensaba que vivirían en uno de esos departamentos que veía por la tele, muchas veces pensó lo difícil que seria jugar al futbol en el asfalto con tanto auto lleno y viniendo, y de golpe se había encontrado con la realidad, su tío no vivía en un departamento, su casa no era de ladrillos y cemento, al día después de llegar se dio cuenta que en realidad había visto un caballo la noche anterior y descubrió que el transporte en el que su tío los había ido a buscar era un carro tirado por un caballo que su tío José usaba para juntar cartón y chatarra que después vendía por unos pocos pesos.
El martes debía presentarse en el club a las 18 horas alcanzaba a salir de la escuela secundaria en la cual ese año había comenzado a cursar el primer año, llegar a su casa cambiarse y si el Leo le prestaba la bici llegaría justo para empezar. Carlos estuvo todo el día nervioso, no pudo concentrarse en clases y apenas sonó el timbre salió corriendo para su casa, al llegar saludo a sus padres, y se fue a la pieza a ponerse la camiseta de futbol y un par de zapatillas, busco la gorra y cuando pregunto por la bici del Leo noto que su padre estaba en casa, a esa hora siempre estaba trabajando, su madre se limpiaba los ojos que de tan rojos parecía que se le iban a salir de la cara, La Irene caminaba de un lado a otro. Ese día fue la primera vez que sintió bronca y deseo con todas sus fuerzas no haber venido nunca a Buenos Aires, su padre se levanto de la silla en que estaba sentado en silencio y en voz baja le dijo. “Vos te venís a la obra conmigo, necesito un ayudante” Carlos miro a su madre, no entendía que pasaba el que ayudaba a su padre era el Leo que era tres años mayor que Carlos. Irene lo miro le entrego un bolsito con un poco de pan y una milanesa que había sobrado del medio día y le dijo. “El Leo se fue, papa lo echo de la casa” el intento que su hermana le contara algo mas pero la muchacha se metió en la pieza y se la escucho llorar. Carlos miro a su padre y en silencio salió tras el a trabajar como ayudante de albañil, por dentro sentía bronca y ganas de llorar pero no tenia tiempo para eso. Esa fue la primera vez que odio a su padre, mientras preparaba la mezcla en la maquina hormigonera pensaba en la oportunidad que perdía, quizás lo volvieran a convocar, pero sabia que mientras tuviera que ayudarle a su padre no podría ir a probarse a ningún equipo. Los días pasaban y por el trabajo debía faltar a clases, ya casi no jugaba al futbol y estaba siempre cansado, muchas veces su almuerzo eran unos mates con sándwich de queso y mortadela. Al Leo lo cruzo una o dos veces en la calle, le dijo que volviera a casa y la respuesta de su hermano siempre era la misma`` Mientras ese hijo de puta este hay yo no vuelvo” Carlos no entendía el porque de la bronca del Leo con su padre. Carlos preguntaba que había pasado y solo obtenía por respuesta ``Es un hijo de puta”. Carlos entendió el motivo del enojo de su hermano cuando unos meses después al llegar a su casa, encontró a su madre llorando y a su hermana que ya estaba a punto de parir acostada en el sillón que serbia de cama. En ese momento se entero que su padre tenia una doble vida, que durante mucho tiempo había estado con otra mujer, y había decidido irse a vivir con ella, entonces se entero también que en su otra relación tenia una hija y que había decidido irse a vivir con ellas.
Carlos comprendió la bronca del Leo y sin pensarlo abrazo a su madre” Vamos a salir adelante vieja, vamos a salir” le dijo al oído mientras besaba su mejilla, ese día Carlos lloro, lloro todo lo que llevaba dentro.
La madre del joven comenzó a trabajar mas horas haciendo limpieza en distintas casas, Carlos abandono definitivamente los estudios y comenzó a trabajar de noche juntando cartones con el oso un mendocino que media como dos metros de alto y pesaba como cuatro o cinco Carlos juntos, con su padre había aprendido algo de albañilería y siempre había alguna changuita que hacer. El Leo iba cada tanto a visitarlos y siempre llevaba algo para cenar, nunca dijeron nada pero en casa todos sabían que andaba en algo raro, La Irene había tenido una nena que era la debilidad de Carlos.

miércoles, 2 de mayo de 2018

LLAMADAS PERDIDAS SEÑALES DE VIDA.







Capitulo 10

 “En tiempos de desesperación el amor nos salvara”.

                               Esa tarde Alejandra viajo con sus hijos y Pablo a Madrid, cada tanto ella hacia perdidas a Juan , muchas veces mientras paseaban se retrasaba, o pasaba al baño de algún lugar, para poder realizar las perdidas, no quería ser sometida a un interrogatorio por parte de sus hijos y mucho menos por Pablo, el no sabía que la razón del desamor de Alejandra hacia el se llamaba Juan y que ahora había vuelto a aparecer en su vida, sonreía por lo cómico y adrenalico de la situación, las llamadas las realizaba a escondidas, como si aun estuviera engañando al padre de sus hijos.
 En Argentina la amistad entre Juan y Daiana  se afianzaba con el transcurso de los días y los momentos compartidos, pasaban muchas horas luego del horario comercial juntos, en ocasiones el preparaba la cena para los 3, el las llamaba mis princesas, el domingo decidieron viajar a Neuquén y disfrutar de un día distinto, Juan  contestaba las perdidas que le hacía Alejandra o las realizaba el esperando que ella respondiera. Mientras tomaban un helado sentados en un banco él le comento a Daiana que cada perdida llevaba un mensaje, por eso para ellos no era necesario el pasar horas y horas hablando, lo cual implicaría un costo económico que quizás ninguno de los dos estaría en condiciones de afrontar.
- ¿Como es eso? Pregunto la joven mientras veía a su pequeña perseguir unas palomas que cómplices se negaban a alzar vuelo y corrían de un lado a otro como si hubiesen entendido el juego de la pequeña.
- Si, es como un código que aprendimos a descifrar, una perdida es un hola como estas; a lo que el otro responde: Bien y vos; la segunda perdida es decirnos: te amo, te extraño estoy pensando en vos; y la tercera: un hasta luego, te amo en eterno.
Daiana rió por la ocurrencia de su amigo, y comento sobre la pérdida económica que significaría para las compañías telefónicas, si el código de “perdidas” de Alejandra y Juan se extendía en forma masiva a los usuarios de celulares. Ese domingo volvieron tarde de la ciudad de Neuquén, la pequeña se durmió durante el viaje, cansada por el día que habían disfrutado juntos.
Los meses pasaron con rapidez, como si el tiempo quisiera apurar el desenlace de aquella historia que comenzara en la ciudad de Cutral-Co una tarde-noche del mes de Marzo hacia ya tres años. En España el frío invierno dio paso a una tímida primavera con mas días de lluvia que los acostumbrados,

martes, 1 de mayo de 2018

Su padre le había dicho que el viaje era largo que llegarían a Buenos Aires muy tarde, Carlos se acomodo en el asiento dispuesto a mirar todo el paisaje durante el viaje, nunca había salido del pueblo, cuando su padre viajo a la capital de la provincia con el Leo y la Irene a ver jugar a Boca Juniors, que participaba en un torneo para recaudar dinero para colaborar con los inundados del litoral, el no pudo viajar porque era muy chico y se quedo llorando mientras los veía marcharse en el camión de don Cosme, el mismo camión que usaba el municipio para recoger la basura día por medio. Cuando volvieron el ya estaba durmiendo y su mama lo despertó, había esperado toda la tarde que volvieran y le trajeran un regalo de la cancha, una remera o el futbol o una bandera, algo pero medio dormido medio despierto se desilusiono al ver que no le traían nada, durante una semana el Leo estuvo contándole como había estado el partido y lo cerquita que estaba del arco, Carlos se imagino una y mil veces en ese lugar. El traqueteo del tren, el cansancio y la emoción de conocer Buenos Aires hicieron que el niño se durmiera cuando llevaban 2 o 3 horas de viaje sus ojos se habían llenado del el verde de la vegetación y el azul verdoso de los ríos que cruzaban en el recorrido. A Carlos le pareció ver un caballo cuando mas  dormido que despierto lo subieron al transporte de su tío que los llevaría a su nueva casa. Pero eso era imposible seguramente su tío tenia la mejor camioneta en la que pudiera andar en definitiva vivía en la capital