miércoles, 23 de mayo de 2018

La suerte de Carlos

This are Si aquel día en que su padre abandono el hogar Carlos sintió odio por su progenitor. La segunda vez que sintió odio por él, hasta deseo matarlo esa vez fue la misma noche que probó la droga por primera vez. 
Como solía suceder casi siempre los últimos días de cada mes cuando su madre tenia pocos trabajos de planchados, que eran los que le permitían comprar la comida del día, Carlos luego de salir de la verdulería se iba con el oso al centro a juntar cartones, recorrían la zona de las tiendas y después enfilaban con el carro lleno hacia la zona de los restaurantes y las pizzerías, mas de una vez habían conseguido algo de comida que no serbia para sacar a las mesas de clientes pero que servía para comerlas en casa, el oso recorredor avezado sabia a que lugares ir y en que horarios para obtener algunas porciones del plato del día que se había servido en el almuerzo en las confiterías del microcentro porteño.
El oso iba tocando la armónica que heredara de quien según su madre era su padre, el oso nunca entendió como podía ser tan distinto de aquel al que llamo papa hasta que una bala policiaca lo mato, ese hombre era petiso, muy flaco, con una nariz en forma de gancho y unos ojos saltones, él media casi dos metros su cuerpo era pesado y parecía mas un jugador de rugby que otra cosa.
Carlos llevaba las riendas del caballo o quizás las riendas lo llevaban a él. Absorto en sus ensoñaciones cuando de pronto vio una pareja con una nena casi de la misma edad que su sobrina, Carlos sintió en ese momento como si alguien descargara un fuerte golpe con una maza sobre su cabeza, no supo como de un salto estuvo parado junto a la pareja, el hombre lo miro un instante y cuando quiso decir algo sintió sobre su rostro el golpe que Carlo largara con toda su fuerza, quizás por la fuerza del impacto o por la reacción del joven el hombre trastabillo dio uno o dos pasos hacia atrás y cayó en la vereda'’ Hijo de puta, hijo de puta. Te voy a matar” repetía el joven con cada golpe que daba, la bronca contenida durante tiempo, la impotencia al ver a su madre llorando por los rincones, el plato de comida que faltaba, la bronca por no haber podido asistir a aquella practica de prueba, o quizás la desilusión al no haber encontrado en la capital todo lo que le prometieran el día que dejaron su pueblito, todo eso eran el combustible que en aquel momento alimentaban la ira con que descargaba cada golpe en la cara de aquel hombre que en su niñez tantas veces besara.
- Te odio hijo de puta, te odio- Carlos no paraba de gritar ajeno a la gente que se acercaba a ver lo que pasaba, el oso intento separarlo de aquel hombre pero con su fuerza y su tamaño no pudieron Carlos parecía tener la fuerza de diez osos en aquel momento.
De pronto como en un sueño escucho la voz de la niña '’Papi que te esta haciendo ese hombre malo” entre sollozos era sujetada por la mujer
Quizás en ese llanto reconoció el llanto de la hija de su hermana o tal vez se recordó allá en su pueblito cuando llorando corría a los brazos de ese hombre que para el era un superhéroe.
Carlos se puso de pie miro a su padre que con el rostro ensangrentado le brindaba una sonrisa giro y escucho a su padre que decía ‘’Te perdono Carlitos, te quiero”  corrió por la calle en dirección a la villa cuando las luces del centro se veían lejos se detuvo agitado, cansado sin aliento y sintió a su lado a alguien que le ofrecía un porro

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